jueves, 22 de febrero de 2024

Yakuza Kiwami, or: How I Learned to Stop Worrying and Learn to Tiger Drop

  Anoche tuve un sueño en donde se metieron a robar a mi casa. Y como esto era un sueño, lo lógico era ponerle una zarandeada a los delincuentes. Agarré los muebles de la sala para estrellarla contra los rateros, la tele para lanzarlas a su dirección y en general, golpearlos de las maneras más ridículas (pero muy satisfactorias) que he visto en mi vida. Cuando desperté, caí en la conclusión que ya he jugado suficiente Yakuza Kiwami.

  Decir que este juego ha sido mi obsesión estos últimos meses sería una atenuación de los hechos. El combate es envolvente, teniendo poses de combate diferentes y el hecho de que puedas desbloquear más técnicas para cada una conforme más peleas o haciendo historias secundarias es suficiente incentivo para seguir peleando, sin mencionar lo envolvente y complejo que puede llegar a ser pelear en el juego por la cantidad de opciones que te ofrece. Desde usar cosas en el campo de batalla (como cajas, bicicletas, motocicletas, saleros, armas que dejan caer tus mismos enemigos o las que consigas fuera de combate. Francamente, lo que te encuentres, se vale usar como arma), hasta movimientos muy circunstanciales, pero bastante satisfactorios de ejecutar.

  La trama, a decir verdad, parece algo de cualquier película dramática/acción noventera. Tan es así, que no parecería extraño que fuera un homenaje o referencia al género en particular. El juego explora el rol de Kazuma Kiryu cuando cae de la gracia de su familia y termina en la cárcel (por un crimen que no cometió) y reintegrarse a la sociedad después de su condena. Sin embargo y a pesar de la seriedad de la trama, el juego no pierde oportunidad de ver el lado cómico de las aventuras del protagonista, especialmente en las misiones secundarias. Sus interacciones con los demás personajes, sobre todo Goro Majima, suelen ser muy surrealistas e irreverentes, chocando con la seriedad de la trama principal. Nunca estás enteramente seguro si quieres que el juego te tome en serio, a veces llevando a uno a pensar que quiere ver cuál es tu reacción ante lo absurdo de las situaciones en las que te pone (como ayudar a alguien a conseguir papel de baño tres veces para completar una misión).

  El gran motivante detrás del juego es todo lo que puedes hacer en el distrito rojo de Kamurocho, lugar en donde se desarrolla el juego. Obviamente está la trama principal, pero las historias secundarias son bastante cómicas y las recompensas generalmente valen la pena (si es que no caes en las estafas). Pero más importante, hay una cantidad absurda de minijuegos, siendo bastante complejas para ser una extensión del juego principal. Puedes llevar a Kiryu a jugar boliche, carrera de carritos, juegos de la garra, karaoke, dating sim, un juego de piedra, papel o tijera bastante complejo, dating sim, entre muchos, muchos otros.

  Pero sin duda, la atracción principal es Majima Everywhere.


  Majima, un Yakuza de otra familia del clan de Tojo, empeñado en restaurar a Kiryu a su antigua forma antes de entrar a prisión, lo embosca y reta durante todo el juego, desbloqueando poco a poco sus antiguas habilidades, que no es otra cosa más que la cuarta forma de combate y la que muchos terminamos usando más para el final de juego. Pero, a pesar de que al final lo que quiere es pelear contra Kiryu en la mejor de sus condiciones, no está por arriba de retarlo en los mini-juegos, siendo uno de los oponentes más persistentes y extrañamente el más carismático.

  El juego, si haces solo la trama, fácilmente te lo podrías acabar en una semana o incluso en un fin de semana. Pero la verdad, no hacer todo el contenido adicional sería desperdiciar lo mejor que este juego tiene que ofrecer. Desde las mejoras que le puedes hacer a tu personaje, como invertirle demasiado tiempo y dinero (dentro del juego) a un juego de cartas, carritos eléctricos y el coliseo. Todo para tener a Kiryu en las mejores condiciones de combate y alcanzar el verdadero Kiwami.

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